Si bien el concepto de "paisaje" no tiene una única acepción, existe un consenso en lo referido a su importancia en la ordenación territorial en tanto que recurso con una enorme potencialidad. El paisaje, entendido como expresión externa de los sistemas naturales y territoriales, tiene una dimensión ecológica (ecosistemas, hábitats), económica (actividades productivas) y social (asentamientos, usos del suelo, comunicaciones). La importancia del paisaje aumenta en la medida que se integra en nuestra percepción del territorio como valor estético, pero también como elemento de identidad cultural, de calidad de vida y de sostenibilidad.

Por sus características naturales y formas históricas de ocupación del territorio, Cantabria goza de una diversidad y calidad paisajística muy significativas. Sin embargo, la creciente presión sobre el medio, característica de las sociedades desarrolladas, ha generado dinámicas e inercias no siempre beneficiosas sobre nuestros paisajes que requieren de las administraciones públicas y agentes implicados un esfuerzo decidido por recuperar el paisaje como recurso y por abordar políticas activas para su conservación, gestión y mejora.